lunes, 20 de abril de 2009

Soleado

Celeste día, amaneciste abierto,
creciste como un brazo, reluciente,
y entretejiste tu celeste urgente
en la ceniza de otro día muerto.

Un solo sol se asoma de tu frente;
un solo sol, un ojo (vives tuerto)
que nos vigila olvido, pez, desierto,
en su serena altura, indiferente.

Y sin embargo, tú nos das la cara
ávido de exhibirte, abiertamente,
sin mascaradas de un color no tuyo:

sólo brillante imperas, transparente
te muestras -oh, celeste-, todo arrullo,
penetración y goce y cosa clara.

1 comentario:

Florencia Madeo Facente dijo...

¿Estás seguro que no robaste los rayos del sol para realizar este soneto? Pues parece hilado con ellos.
Pude imaginarme ese soberbio cielo que nos mira siempre con dulzura y arrogancia a su vez.
Saludos!