domingo, 29 de marzo de 2009

Noche

Ocurre pronto una salvación de elementos drásticamente oscuros, pronto en el sentido de que empiezan a moverse detrás nuestro ni bien se ha ido la luz, con los primeros ecos difusos de lobos o cantautores epilépticos. Todo esto es relatado a su vez por pequeñas franjas de narradores (todo el mundo está enfermo) que, apostados contra la barra de madera pulida de un bar cualquiera, ya sea en la Ciudad Vieja o en algún recodo del barrio de Flores, dejan salir torrencialmente grupos de frases hechas de sombras y de sangre derramada. Pero he aquí que las primeras luces de la noche, o sus primeros destellos no apagados, invaden el ámbito de gritos y elucubraciones (sea cual fuere su significado sólo sombrío), derribando en un momento el muro que divide, durante las horas del día, a las criaturas perversas de las otras, las no ocultas, las que se arman de silencio y que se exponen. A saber: la perversión de estas criaturas, que es nuestra porque somos nosotros porque nacimos de algún centro, no tiene límites.

1 comentario:

Pido el silencio dijo...

Sí, me gusta mucho.
Y me gustó mucho lo que lei, escribís vos?
Gracias por pasarte, che
un saludo