Este arcángel oscuro y de silencios
y estas manos ardiendo frágilmente
dan su danza en que todo exhala un nombre,
como si alguien dijera nada y la nada fuera
tan simple
(como nada) y tan posible
como esa concepción de la memoria
en la que al fin el mundo acaba en flores
y en otros tantos símbolos pudriéndose.
La danza acaba.
Todo se dispone
(¡oh, la razón secreta de la sangre!)
a entrar de cuajo en nuestros nuevos cuerpos
sólo actores en la invasión nocturna:
vigilia ya incesante,
ya perfecta,
ya azul;
muy espantoso
rito de sutileza inmaculada
para quien puede andar de muerte en muerte
sin el requerimiento de haber muerto
antes;
y sin embargo muere un día
de luces transparentes,
y callado,
como si todo, en eso, consistiera.
viernes, 19 de junio de 2009
Lo que sucede adentro de un poema.
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